Bioconstrucción

La bioconstrucción plantea la construcción como un organismo que nace y, tras una vida útil, acaba por morir y descomponerse, y que a lo largo de todo su ciclo vital intercambia materia y energía con el medio que lo rodea. Para minimizar el impacto de la bioconstrucción sobre el entorno es imprescindible utilizar materiales que no sean contaminantes en ningún momento de su ciclo de vida; que puedan reutilizarse, reciclarse o diseminarse en el entorno sin degradarlo; que no consuman mucha energía en su producción; y que no requieran mucha energía para ser transportados hasta la obra. Muchos de los materiales de la arquitectura tradicional cumplían ya estos requisitos. También los cumplen materiales modernos surgidos de la necesidad de alcanzar y mejorar las prestaciones de los materiales convencionales sin perjudicar al medio ambiente. Al final, cada bioconstrucción es el resultado de la creatividad humana para aplicar unos criterios de ahorro y salud para las personas, utilizando los materiales que también garanticen la salud del medio ambiente.
El adobe es un ladrillo de barro sin cocer secado al sol. Se compone de arcilla y arena, a los que se añaden aditivos según el tipo de tierra el clima; los más utilizados son la paja y la cal. El mejor es el fabricado en primavera, por su secado homogéneo. Como el tapial, el adobe transpira, es higroscópico, tiene capacidad de difusión a la vez que una buena capacidad de almacenar frío o calor, por lo que también se utiliza como aislante, resulta cálido y tiene una emisión radiactiva muy baja. Como la arcilla mantiene sus cualidades de absorción de tóxicos intactas, la irradiación del adobe sobre las personas es muy positiva. Además, se trata de un material abundante en cualquier lugar, fácil de trabajar, cuya extracción, uso y desecho no crean problemas al medio, y cuyos costes energéticos son muy bajos. Lo más recomendable es producirlo en el lugar de consumo, si bien existen fabricantes de adobes estabilizados. La construcción con adobes presenta la ventaja de su similitud formal, constructiva y estética con el ladrillo de campo cocido. En caso de disponer de mucha mano de obra, especializada o no, esta técnica es muy adecuada en función de los procesos de fabricación que permiten la integración de gran cantidad de personas durante el pisado y moldeado aunque se debe tener en cuenta aquí es el control durante la producción para minimizar la variación de las dimensiones y la forma irregular de las piezas.
Los muros de adobes presentan muy buenas condiciones de aislamiento acústico y térmico debido a las características del material y los espesores utilizados. Las desventajas de esta técnica están en función del propio proceso de fabricación que puede resultar lento ya que se requieren dos o tres semanas para poder utilizar las piezas en caso de que la producción se haga en obra. El proceso también depende de las áreas de pisado, secado y acopio, que comandarán la continuidad de producción mientras se espera que se sequen las piezas anteriores. Por lo tanto, esta técnica requiere cierta previsión de infraestructura para contar con superficies horizontales y limpias, y zonas protegidas para evitar que el agua de lluvia afecte a la producción.